Corrupción: Una poderosa red criminal

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Corrupción: Una poderosa red criminal

Message : #8398 Darloup
04 sept. 2017, 02:08

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El abogado Leonardo Luis Pinilla es llevado a la Corte Suprema de Justicia para su declaración.


Por Óscar Montes

¿Cómo operaba la organización que desde la propia Corte Suprema extorsionaba a congresistas y de la que harían parte ex presidentes del alto tribunal, abogados y funcionarios de la Fiscalía General?

Por estos días circula en las redes sociales un video que muestra al entonces presidente de la Corte Suprema de Justicia José Leonidas Bustos, quien con tono aplomado y sereno se refiere a los comentarios que se escuchaban en círculos del poder en Bogotá acerca de la posibilidad de investigar a los magistrados de las altas cortes, que lucían blindados contra todo tipo de indagación o averiguación en su contra.

Bustos se refería al Tribunal de Aforados, figura que hacía parte de la Reforma Judicial, que estaba siendo estudiada y discutida por el Congreso de la República y que a la postre fue hundida por la Corte Constitucional.

“Uno se pregunta –dice Bustos a sus colegas magistrados– por qué en estos momentos nació la idea tan puntual de investigar y juzgar a los magistrados de alta corte. Yo escucho en las noticias, incluso a varios representantes, senadores, periodistas, ministros y exministros decir: es que nunca hemos visto a un magistrado rindiendo indagatoria. Es que los magistrados no tienen ni Dios ni Ley. Y yo les pregunto a ustedes, ¿es que acaso los magistrados existe evidencia, o existen fundamentos probatorios de que están cometiendo delitos? Yo podría perfectamente decirle a toda la ciudadanía, y casi que esto constituye un reto, que si tiene pruebas contra un magistrado de la Corte, que es lo que me concierne a mí, yo sería el primero en denunciar esa conducta delictiva”.

El video del entonces presidente de la Corte Suprema de Justicia tomó vigencia en estos días, cuando el senador del Partido de La U Musa Besaile señaló a Bustos de ser el destinatario final de 2.000 millones de pesos que habría pagado al entonces abogado litigante Luis Gustavo Moreno para evitar una orden de captura que habría sido expedida en su contra entre los años 2014 y 2015, en los tiempos de la parapolítica. El senador cordobés afirmó ante la Corte Suprema que inicialmente la suma pedida por Moreno habría sido de 6.000 millones de pesos, pero que al final “negoció” los 2.000 que pagó.

De acuerdo con Musa Besaile, el dinero solicitado por Moreno –después nombrado y destituido fiscal Anticorrupción por Néstor Humberto Martínez Neira– tendría como finalidad extorsionarlo con el fin de evitar su detención. Bustos y Moreno harían parte –junto con el también ex presidente de la Corte Suprema Francisco Ricaurte– de una red de magistrados y abogados encargados de extorsionar a congresistas y excongresistas a cambio de favorecerlos en sus decisiones judiciales.

Moreno fue destituido por el propio Martínez Neira, luego de comprobarse que extorsionaba al ex gobernador de Córdoba Alejandro Lyons, para no continuar con las investigaciones que su despacho llevaba a cabo en su contra. Junto a Moreno cayó su socio, el abogado Leonardo Pinilla. Lyons se encuentra en Estados Unidos, donde negocia su colaboración a la justicia a cambio de una rebaja de penas.

Por cuenta de los ex presidentes de la Corte Suprema José Leonidas Bustos y Francisco Ricaurte, así como del ex fiscal Anticorrupción Moreno y su socio Pinilla, el alto tribunal está viviendo sus peores días en su más que centenaria existencia. Las declaraciones del senador Besaile en las que denuncia la supuesta extorsión por parte de la “banda criminal de los magistrados”, pusieron a temblar los cimientos del alto tribunal.

Los adjetivos se agotan para tratar de describir las náuseas que produce el testimonio del senador cordobés cuando se refiere a la manera cómo fue objeto de la extorsión por parte de la organización criminal.

El relato muestra el comportamiento de una poderosa red enquistada en el corazón mismo de la Corte Suprema cuya finalidad no era otra que la del enriquecimiento ilícito por parte de quienes convirtieron la extorsión en su más poderosa y peligrosa herramienta. En el caso de Musa Besaile quedó demostrado que logró salirse de un delito cometiendo otro. Es decir, al pagar los 2.000 millones de pesos se salvó de verse vinculado a la parapolítica, pero incurrió en cohecho, pues habría pagado a un funcionario judicial para no ser capturado.

Si lo que Musa Besaile contó a la Corte Suprema es cierto, entonces estamos en presencia de un horripilante hecho que tiene que ver con la conformación de una poderosa red criminal, que tendría como cabecillas a los togados Bustos y Ricaurte, así como abogados y funcionarios y ex funcionarios de la Fiscalía General. Es decir, una vergüenza sin antecedentes en la historia de la Rama Judicial colombiana.

¡Qué tristeza y qué dolor, el tener que ver a dos ex presidentes de la Corte Suprema de Justicia envueltos en semejante escándalo!

El magistrado Malo

En el escándalo de la Corte Suprema se ha ventilado el nombre de Ruth Marina Díaz, por haber compartido oficina con Francisco Ricaurte y Gustavo Moreno, así como con José Leonidas Bustos y Camilo Tarquino. Todos ellos –menos Moreno– fueron presidentes de la Corte Suprema de Justicia. Pero el nombre de otro magistrado que también es mencionado con mucha frecuencia es el del cartagenero Gustavo Malo Fernández, quien también estaría comprometido en la trama de corrupción que se investiga.

La orden de captura y la investigación que sirvió para extorsionar a Musa Besaile es de un proceso que él maneja. También tuvo a su cargo el proceso contra el ex senador conservador de Córdoba Julio Manzur. Un ex magistrado auxiliar suyo declarará esta semana sobre pormenores de la presunta extorsión al senador Besaile, asunto que puede comprometer a Malo. A ello se suma que uno de los posibles extorsionistas es su gran amigo Francisco Ricaurte, mientras que José Leonidas Bustos es muy cercano a ambos.

También investigan el hecho de que en poder de Yara, hija de Malo, haya sido encontrado un carné falso en momentos en que se encontraba en una instalación de la Fiscalía. Malo también deberá explicar un aparente cruce de favores entre él y Alfredo Bula, como director del Fonade. Al parecer, un yerno de Malo fue nombrado en Fonade y un familiar de Bula fue designado en la Corte Suprema. La Fiscalía también indaga por jugosos contratos de Fonade al exmagistrado Ricaurte. Se da por hecho que esta semana la Corte Suprema pedirá a la Comisión de Acusación de la Cámara de Representantes que investigue al magistrado Malo. Dentro del alto tribunal hay quienes piden su renuncia.

Investigación, en manos de un magistrado de quilates

Nunca antes la Corte Suprema había tenido que sortear un momento más difícil. Ni siquiera en 1985 cuando el M-19 se tomó el Palacio de Justicia a sangre y fuego. La venta de fallos y la vulgar extorsión por parte de algunos togados evidencia en esta oportunidad un “daño estructural”, que requiere casi que la reconstrucción de todo el edificio. No se trata de empañetar y resanar. Por fortuna, algunos magistrados de la Corte han dado muestras de que están dispuestos a darse la pela.

Desde que el fiscal general, Néstor Humberto Martínez Neira, puso en conocimiento del alto tribunal la gravedad de los hechos, su respuesta fue inmediata. De hecho, el magistrado Antonio Hernández se apersonó del asunto y está al frente de las investigaciones sin reposo y sin pausa. Hernández llegó a la Corte Suprema en contra de la voluntad de José Leonidas Bustos, quien terminó aceptando a regañadientes su candidatura a cambio del ingreso de su ficha, José Francisco Acuña Vizcaya. Hernández, como magistrado instructor, ha actuado con celeridad y firmeza.

En la misma semana oyó a Musa Besaile, citó a Moreno y a Pinilla y a los Manzur, padre e hijo, quienes también ya se declararon víctimas de la “banda extorsionista”. Además, libró copias que tienen a un paso de la orden de captura al exmagistrado Ricaurte por parte de la Fiscalía. Para desmantelar la poderosa red es necesario rastrear todas y cada una de las investigaciones congeladas en los vericuetos de la corrupción urdida por Bustos y compañía. Consecuencia de lo anterior fue la reactivación del proceso en contra de Zulema Jattin.

El poder de Zulema Jattin

Uno de los misterios de la política en Córdoba era la indefinición del proceso de la ex representante a la Cámara Zulema Jattin Corrales por más de diez años. El pasado jueves ese misterio llegó a su fin, cuando la Corte Suprema le dictó resolución de acusación y revocó su medida de libertad provisional, que le permitió –entre otras cosas– mover las fichas de la política en Córdoba e inclusive ausentarse del país por varias semanas, pese a tener en sus tobillos un dispositivo electrónico. Contra Jattin pesan señalamientos por, al parecer, promover grupos al margen de la Ley entre 2001 y 2007.

Testimonios indican que se benefició de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Al removerse todos los casos en los que habría actuado el abogado Moreno, la Corte Suprema indaga sobre un posible favorecimiento de Jattin, puesto que Moreno fue su abogado. Otra ficha política de Jattin –una de las primeras ‘santistas’ de la Región Caribe– es Luis Miguel Pico, su asesor cuando ella fue congresista, quien se desempeñó como director de Asuntos Políticos de la Casa de Nariño. De ahí pasó al viceministerio de Agricultura. Jattin –hija de Francisco Jattin (fallecido), ex presidente de la Cámara– mantiene vigencia política en Córdoba, donde logró la elección de su hermano y de su sobrina como alcaldes de Lorica en los dos últimos periodos.

Julio Manzur, ¿chivo expiatorio en caso Musa Besaile?

El nombre de Julio Manzur tuvo mucha fuerza en los 90 como líder del conservatismo en Córdoba. Durante el escándalo de la parapolítica, Manzur sorteó su vinculación al proceso, algo que no ocurrió con varios de sus paisanos y colegas. Pero en enero de 2015 –cuando la parapolítica parecía asunto del pasado– la Corte ordenó su captura y por ello pagó una pena hasta julio de 2017. La explicación que tiene Manzur y su hijo Wadith, es que todo obedeció a un plan de Luis Gustavo Moreno, quien a finales de 2014 se ofreció para arreglarle su proceso por parapolítica, que cumplía 10 años de estar abierto en la Corte Suprema. Al no acceder a la petición de Moreno –dice Wadith Manzur– entonces la Corte ordenó su captura.

De esta forma demostraría Moreno el inmenso poder que tenía en el alto tribunal, antes de llegar a la dirección de la Fiscalía Anticorrupción. La explicación del ‘carcelazo’ de Manzur sería la siguiente: dado que Manzur ya no tenía ningún poder en 2014, el mensaje era en realidad para Musa Besaile, el verdadero pez gordo, quien también estaba siendo extorsionado por Moreno. Punto. Es decir, a Manzur lo habrían utilizado como ‘chivo expiatorio’ para probar el poder que tenían Moreno, Bustos, Ricaurte y Pinilla.

Fuente: https://www.elheraldo.co/politica/la-ley-del-montes-una-poderosa-red-criminal-398843
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‘Quis custodiet ipsos custodes?’

Message : #8401 Darloup
04 sept. 2017, 02:48

Por Thierry Ways

El dilema es tan antiguo que su formulación más célebre viene del latín: Quis custodiet ipsos custodes?, lo que, traducido, sería “¿Quién custodia a quienes nos custodian?” o “¿Quién vigila a los vigilantes?”.

Esa inquietud explica la necesidad de que los estados tengan separación de poderes —para que una sola persona o institución no tenga poder omnímodo— y los llamados pesos y contrapesos —que hacen que cada rama del poder controle a las otras dos—. Así lo estipulan las constituciones modernas. El policía, el parlamentario, el presidente: todos tienen poder, pero ¿quién controla que lo ejerzan correctamente?

La pregunta es crítica en la actual situación del país, en la que dos expresidentes de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) están a punto de ser investigados por presuntos sobornos para favorecer acusados.

¿Qué juez juzga al juez supremo? En Colombia, al menos, primero lo investiga la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes. Luego, la Cámara en pleno decide si formula o no acusación contra el sindicado. Si lo hace, los delitos políticos los juzgará el Senado; los demás delitos, la CSJ.

Todo eso podría funcionar más o menos bien si no fuera porque la CSJ es, a su vez, la encargada de investigar y juzgar a senadores y representantes cuando estos cometen alguna falta. Y la CSJ ha ejercido esa función decenas de veces, mientras que la Comisión de Acusaciones, salvo en el caso reciente del exmagistrado Jorge Pretelt, no ha sido capaz de acusar ni a Ernesto Samper en 1994.

Por temor a las represalias que la CSJ pueda tomar contra sus miembros, o por los “hagámonos pasito” entre magistrados y parlamentarios, o por soborno ramplón, el Congreso ha sido reacio a actuar contra las cortes. Tantos congresistas tienen rabo de paja que prefieren no agitar mucho las aguas, no vaya a ser que la ola se devuelva y los vuelque a ellos.

El sistema, evidentemente, necesita reformarse. Y eso se intentó en 2015 con la llamada “reforma de equilibrio de poderes” (que, hay que decirlo, tenía muchos defectos). Pero la Corte Constitucional (CC) falló a favor de una demanda interpuesta por el entonces fiscal Eduardo Montealegre y hundió las modificaciones.

Lo que nos trae de vuelta al punto de partida: ¿quién vigila a nuestros vigilantes? El Gobierno, tardíamente y bajo presión de una ciudadanía asqueada y escandalizada, está considerando crear, vía fast-track, un tribunal especial “de aforados”, que fue lo que tumbó la CC. La idea, en principio, no es mala. Pero, a mi juicio, tiene tres inconvenientes.

El primero es que, como he dicho varias veces, no debemos usar el fast-track para asuntos que no guardan relación con el acuerdo con las Farc. El segundo es que simplemente crear un nuevo tribunal no garantiza nada. ¿Qué impedirá que los vigilantes sigan amenazados por sus vigilados (y “del mismo modo y en sentido contrario”) y sigan tapándose unos a otros? El tercero es que queda intacto el eterno dilema con el que comienzo esta columna: ¿a quién le rinden cuentas los integrantes del nuevo tribunal?

La cirugía constitucional que se requiere es muy delicada. Pero algo hay que hacer, porque la alternativa que está sonando, una asamblea constituyente, puede ser peor aún.

Fuente: https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/quis-custodiet-ipsos-custodes-398909
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Estamos reaccionando

Message : #8407 Darloup
08 sept. 2017, 03:30

Por Álvaro De la Espriella

Hay una polémica interesante en el país en este momento, que se enriquece a medida que van pasando los días, porque no solamente toca fibras sensibles de la sociedad, como es la corrupción a todos los niveles que existe, sino la desconfianza de la opinión pública en unas instituciones de control que no operaban, quedándose rezagadas en su procesal desarrollo legal: la Fiscalía General y la Procuraduría de la República.

La discusión es si existe hoy día más corrupción que antes, más impunidad, si crece aún más la desconfianza en la justicia y en los entes de control, si esa desconfianza, esa nula fe en la propia estructura del Estado, ha llevado al pueblo colombiano a un grado de pesadumbre, conformidad y desaliento que se transmite a todas las actividades cotidianas.

No, pensamos que no hay más corrupción que antes. Porque sencillamente es imposible que suceda. Colombia llegó a los límites insospechados de tener en todos los estamentos, privados y públicos, en todas las dependencias estatales, en todos los estratos, posiciones, grados o categorías los más altos grados de corruptela que jamás hubiese soñado persona alguna. Aquí nos convertimos hace rato en la feliz nave de la inmoralidad pública y privada, donde los bienes ajenos, la plata del Estado, los fondos de todos, los presupuestos, se volvieron un festín de derroche, de malversión, de atraco. Los pobres y los ricos, especialmente estos últimos, arrasaron con las arcas a la vista sin pudor y vergüenza. Colombia se convirtió en una cloaca y produce angustia decirlo, pero para sanar las llagas hay que llegar al fondo.

¿Que somos peores que otros países del continente? No, somos iguales. Hay alrededor peores y más sucios que nosotros. Pero esto no es excusa. No obstante, seguimos pensando que no hay más corrupción que antes. Sencillamente lo que ha sucedido es que, como ya lo mencionaron personajes de la vida nacional, ahora sí están funcionando los entes de control. Ahora sí se están desvelando casos hasta sus más recónditas consecuencias, ahora sí se está llegando a esos rincones imposibles donde no entraba nadie porque la llave del cajón del escritorio se la metía al bolsillo el funcionario de turno.

Tuvimos que soportar, esta es la palabra correcta: soportar, durante una docena de años, aproximadamente, una serie de personajes funestos en la Procuraduría General de la Nación, en la Fiscalía General y en la Contraloría General, que fraudulentamente eran el paradigma del desinterés y la indiferencia ante los toneles de basura que tenían a su lado. No pensaron en otra cosa que buscar pantalla para intereses personales, preparar sus agendas futuras políticas con disfraces moralistas y ecuménicos, estrellarse contra las Altas Cortes para adquirir fama y temor, pero no respeto. Mientras tanto la sociedad entera veía cómo se robaban a Colombia hasta la raíz. Ahora es lo contrario porque el contralor de la República, el procurador y el fiscal general son, trabajando unidos, un escudo que empezó a destapar ollas podridas con valor y eficacia. No es que haya más corrupción, es que ahora sí se está ejerciendo la autoridad diciéndole la verdad al país. Estamos reaccionando, ¡por fin!, empieza a crecer la confianza en las instituciones nuevamente.

Fuente: https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/estamos-reaccionando-399807
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Sin ciudadanía no hay ética

Message : #8408 Darloup
08 sept. 2017, 03:36

Por Horacio Brieva

Estamos, tal vez, en el peor momento ético de la historia de Colombia. Pero eso no significa que el país se desprenderá del continente y se hundirá en el mar con todas sus miserias y hediondeces. No. Y no ocurrirá porque los países no desaparecen aunque arrecie la corrupción y esta termine devorándolos. Lo que ocurre cuando los países caen en estos abismos morales es que se tornan inviables. Profundizan no solo su miseria ética sino su miseria económica, pues no conozco ningún país que sea profundamente corrupto y a la vez productivo, próspero y competitivo. Esa paradoja no es posible. No se ha dado ni se puede dar en ninguna parte.

Leo a León Valencia en su columna “Cagados y el agua lejos”, y su conclusión es objetivamente pesimista y categórica cuando dice que en este país “no hay, por el momento, indignación moral auténtica ni censura social y política. Aquí no hay ciudadanía…”.

Este diagnóstico desconsolador lo completa María Jimena Duzán con esta frase: “Ni los partidos políticos desprestigiados hasta los tuétanos, ni las altas Cortes, ni la Fiscalía, anegados por una mafia poderosa cuyo poder extorsionador podría llegar incluso a poner el próximo presidente de la República, quieren reformarse”.

Adela Cortina escribió que la democracia es “el paso del vasallaje o de la condición de súbdito a la de ciudadano”. Pero en Colombia, a pesar de los 200 años de república, esto aún no ha sido posible. ¿Pues cómo se explica tanta pasividad, tanta indiferencia, frente a lo que está sucediendo? Siguiendo el razonamiento de Cortina, lo que está pasando es que la mayoría de los ciudadanos cree –equivocadamente– que la honestidad, la honradez y la transparencia solo les concierne a los políticos y a los funcionarios del Estado. Y ciertamente les concierne, porque de ellos es de esperar una conducta honorable en la gestión pública, pero el nivel de moralidad de una sociedad teóricamente democrática como la nuestra, depende, ante todo, de la ciudadanía.

Cortina lo ha dicho con suma claridad en sus libros. Los árbitros de la moralidad en una sociedad democrática no son los políticos, ni los intelectuales, ni ninguna institución por muy respetable que sea. Los verdaderos protagonistas de la vida moral “son las personas normales y corrientes y, por eso, la moral cívica la harán ellas, o no se hará”. Eso es lo que tenemos que entender. Tomemos conciencia de que “somos los ciudadanos quienes hemos de hacer el mundo moral”, es decir, establecer una línea divisoria entre el bien y el mal, entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo justo y lo injusto.

A las mafias políticas y económicas enquistadas en el corazón del Estado solo las derrotaremos y las sacaremos los ciudadanos movilizados y en pie de lucha. Más nadie puede hacer esta tarea. Los cambios urgentes que necesita Colombia no vendrán del cielo.

Fuente: https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/sin-ciudadania-no-hay-etica-399809
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¿Hasta dónde llegaremos?

Message : #8438 Darloup
24 sept. 2017, 04:44

El Fiscal General debe seguir con pulso firme las investigaciones contra la corrupción. Los colombianos deben tener la garantía de que, pese la extrema gravedad del momento, al final quien la hace la paga.

Hasta dónde va a llegar esta locura? Es la pregunta que se hacen atónitos los colombianos ante la desenfrenada espiral de corrupción que sacude estos días a las instituciones del país.

No pasa día sin que estalle un nuevo escándalo o sin que las investigaciones sobre procesos en curso hagan aflorar ramificaciones sorpresivas en la causa judicial.

Hace tres días, los ciudadanos asistieron a un hecho inédito en la historia reciente del país: el encarcelamiento de un expresidente de la Corte Suprema de Justicia, otrora la institución más prestigiosa.

En su acusación contra el exmagistrado Francisco Ricaurte, la Fiscalía hizo una descripción pormenorizada sobre la trama criminal que habrían montado este togado y otros dos colegas –Leónidas Bustos y Gustavo Malo– cobrar cuantiosas sumas a políticos a cambio de archivar procesos judiciales en su contra.

Los negocios detectados hasta ahora por la Fiscalía –con la colaboración del exfiscal Anticorrupción Gustavo Moreno, que se encuentra preso por su implicación en el escándalo– suman $3.000 millones.

Uno de los políticos más enredados en el caso es el senador Álvaro Ashton, connotado dirigente del partido Liberal en el Atlántico, que habría pagado $1.200 millones para que se archivara un proceso en su contra por nexos con el paramilitarismo. Otros políticos involucrados en el caso son el exgobernador de Córdoba Alejandro Lyons (que está en EEUU huido de la justicia), el senador Musa Besaile (el mayor elector del partido de la U) y el exgobernador del Valle Juan Carlos Abadía.

En paralelo sigue su curso en los tribunales otro escándalo colosal, el de los sobornos de la compañía Odebrecht. Un asunto que para algunos ya parece del pleistoceno ante la velocidad con que crece y se multiplica la corrupción en el país.

El exdirector de la ANI Luis Fernando Andrade ha sido encarcelado por este caso que ya enloda las campañas presidenciales de Santos y Zuluaga y en el que, según diversas fuentes, podría haber muchos más implicados, incluidos conocidos periodistas.

El fiscal general de la Nación, Néstor Humberto Martínez, ha dado un paso sin duda osado al hurgar en semejantes cajas de Pandora. Las investigaciones están provocando tales tensiones, que la Corte Suprema pidió ayer trasladar al delator Moreno a una guarnición militar ante los riesgos que corre su vida.

El Fiscal General debe seguir con pulso firme las investigaciones que está adelantando contra la corrupción. Los colombianos deben tener la garantía de que, pese a la extrema gravedad del momento, al final el que la hace la paga.

Fuente: https://www.elheraldo.co/editoriales/hasta-donde-llegaremos-405419
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El nauseabundo olor del billete mal habido

Message : #8442 Darloup
27 sept. 2017, 06:21

Por Lola Salcedo C.

Desde que el sentido común se convirtió en el menos común de los sentidos, la ruina ética y la inmoralidad se instauraron en nuestra sociedad, sobre la base de que lo único que importa es el billete, venga de donde venga, y su nauseabundo olor se transformó en perfume, el perfume que la gran mayoría sueña con poder usar para sentir que es alguien, que merece respeto, que puede acceder a cualquier círculo y, por tanto, que todos se venden y nos pueden comprar a todos.

Hace ya muchos años que la sociedad colombiana entró en barrena en la sima de la inmundicia, cuando el narcotráfico llenó de dólares todas las instituciones públicas y laicas, y se convirtió en el elemento transversal que perforó e impulsó nuestra economía, la justicia, la política y hasta las religiones. Nuestra desgracia arranca a partir de ese momento trágico de magnicidios aún no descifrados, de la guerra sin cuartel patrocinando a todos los bandos, de la elección de presidentes, cortes y mayoría del Congreso, y de ahí para abajo hasta de los comisarios de los caseríos más recónditos de la geografía. Y también se convirtió en el sueño colombiano de una mayoría sin futuro: ser traqueto para sobrevivir y luego ascender a la clase media, poder invertir para ganar millones sin mover un dedo y así alcanzo aún a los más ricos, porque nunca les es suficiente lo que amasan y no alcanzarían a gastarse ni viviendo cinco vidas.

Para desgracia del Caribe, quienes hoy ocupan los titulares de prensa y son acusados de corrupción atroz contra el pueblo, porque no solamente se asesina con motosierras, pertenecen a nuestra Región y desde hacía muchos años se repetía en los corrillos sociales eso que hoy son hechos comprobados y develados a la opinión nacional. Y como de ellos, de muchos otros dirigentes hemos oído historias espeluznantes de sus compromisos non sanctos, porque en el Caribe somos tan desabrochados que hasta la corrupción se comenta sin el menor recato y, más grave aún, con cierto dejo de admiración ante “tanta habilidad”.

Y no pasa nada y no hay la mínima sanción social, sino que por el contrario parecerían ser el paradigma de los jóvenes que sueñan en dólares, con carros de alta gama, mansiones lujosas, aviones particulares, fiestas inenarrables y la certeza de que con billete pueden llegar a donde quieran, ser aceptados y aplaudidos, porque perdimos todo sentido de la moral personal y de la ética como marco indispensable para que los ciudadanos se manejen dentro de la sociedad siempre buscando el beneficio de la comunidad, y no el llenado de sus bolsillos. Esa es la herencia que estamos dejando a los niños de hoy que serán los dirigentes de mañana: ¿no sienten vergüenza de haber tocado fondo por acción o por omisión? Sobre todo por omisión, porque somos mayoría a quienes nos corresponde aplicar la sanción social, pero la cobardía y el miedo nos paralizan.

Fuente: https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/el-nauseabundo-olor-del-billete-mal-habido-405589
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Índices de corrupción

Message : #8461 Darloup
14 oct. 2017, 03:42

Por Heriberto Fiorillo

Ninguna región del mundo parece estar exenta de los peligros de la corrupción, pero esta se presenta cada vez con mayor frecuencia en la América Latina.

Lo leemos todos los días: altos funcionarios de gobierno y líderes empresariales de nuestra geografía aparecen involucrados en escándalos de sobornos, malversación de fondos, tráfico de influencias, etc.

Eso, lo que se sabe. La corrupción a gran escala arrebata a las economías nacionales miles de millones de dólares de ingresos desviados en beneficio de unos pocos. Estas prácticas se dan de manera subrepticia y no hay forma de medirlas. Se sabe lo que se denuncia, pero es solo una parte. El informe anual de Transparencia Internacional (TI) se construye con encuestas a personas que tienen acceso a información privilegiada o relacionada a diario con funcionarios públicos, empresarios y expertos de ambos sectores. Lo que mide TI es entonces la percepción que de la corrupción tienen esos ciudadanos.

Según el 47% de los entrevistados, policías y políticos son los funcionarios más corruptos. Luego figuran otros cercanos al poder, dependientes del presidente, del primer ministro, además de magistrados y jueces.

Pero también hay sobornos para ingresar a escuelas y hospitales, sobornos para tramitar documentación personal ante autoridades, los servicios públicos y los tribunales.

Usted sabe de qué hablo. Usted lo sufre. Quizás forma parte usted del casi tercio de ciudadanos latinoamericanos que pagó en 2016 un soborno o dio un regalo o tuvo que hacer un favor a un funcionario. Según TI, esta práctica equivale a más de 90 millones de personas en América Latina con índices que varían según el lugar. En Colombia es pan de cada día.

Los actos de corrupción conllevan decisiones que, casi siempre por dinero o coacción, impiden, retardan o dificultan los procesos legales o, por el contrario, les dan vía libre y los agilizan.

“La gente de Latinoamérica y el Caribe está decepcionada de sus gobiernos, de su clase política y de los líderes del sector privado. La corrupción está ampliamente extendida”, dijo el presidente de Transparencia Internacional, José Ugaz.

La revista Time informó que la corrupción y la negligencia habían sido responsables, en parte, de la elevadísima cifra de muertes ocasionadas por el gigantesco terremoto que asoló Haití en 2010. Allí, para construir edificios –explicó la revista– casi nunca se recurre a ingenieros profesionales; simplemente se soborna a los inspectores del gobierno.

El de México es un caso preocupante. El país de Carlos Fuentes y Octavio Paz ostenta la mayor tasa de pago de sobornos en la región. Lo siguen República Dominicana y Perú. En cambio, Trinidad y Tobago muestra el índice más bajo.

La gente ya está cansada de las palabras vacías de tantos políticos que prometen combatir la corrupción mientras la cultivan. Por eso, muchos ciudadanos optan por apoyar a candidatos populistas que aseguran cambiar el sistema y terminar con el ciclo de corrupción y de prebendas. Cuidado, lo más probable es que esto no haga más que agudizar el problema, sostiene TI.

Fuente: https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/indices-de-corrupcion-411593
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‘Corruptus in extremis’

Message : #8527 Darloup
30 nov. 2017, 04:53

Por Alfredo Ramírez Nárdiz

¿Vivimos en el presente un auge de la corrupción? Allá donde se mire parece que hierven hasta bullir y desbordar los escándalos. Un contrato público concedido merced a una comisión ilegal, un dinero de todos desaparecido en misteriosas circunstancias, un juez, dos, tres, mil que dictan sentencias al brillo de las monedas de plata…

De ser rumores susurrados, las coimas se esparcen por nuestra actualidad pública y publicada como si de resultados de fútbol se tratara. Todos hablan. Todos comentan. Todos opinan. No hay quien no se escandalice como si él fuera por completo ajeno a tales tratos. Es intolerable. ¡Son todos iguales! No se puede confiar en ninguno. Como si políticos, jueces y hombres públicos en general fueran marcianos descargados en nuestras tierras por un OVNI procedente del planeta ‘Corruptia’ y no conciudadanos con los que compartimos tanto las virtudes como los defectos. ¿O no creen que las compartimos? De pronto alguien los ha puesto en el cargo que ocupan. Es que los votos se compran, me dirán algunos. Claro, pues haber votado al rival, responderé yo. Tristemente, solo vota la mitad del electorado. La otra mitad se queda en casa. Y después se lamenta en casa. Y se escandaliza en casa. Y vuelve a quedarse en casa en las siguientes elecciones. Y la rueda gira que te gira.

Moraleja, ¿queremos menos corrupción? Pues hay que votar más. Weber diría que la culpa de todo es de nuestras raíces culturales. Latinos y católicos, no se hable más. Condenados a la pereza, el cohecho y el subdesarrollo. Pero Weber era idiota y es necesario que haya más gente que lo diga. Los países son más o menos corruptos no porque así lo determinen sus genes. Sería hasta gracioso que hubiera un gen corrupto. Ya me lo imagino sobornando a sus vecinos y a estos diciendo que no se puede probar nada y que nunca habían visto la enorme bolsa de dinero que se encontró en su baño.

Pero no. No hay un gen corrupto. Lo que sí hay son instituciones políticas malas. Y también personas que pueden cambiarlas. Más que a sociólogos alemanes racistas, propongo leer a profesores gringos civilizados como Acemoglu y Robinson. Lean, lean. Comprobarán que ha habido países poblados por descendientes de presidiarios (Australia) convertidos en democracias ejemplares y antiguas colonias subdesarrolladas (Singapur, Corea del Sur) transformadas en economías ricas. No hay destinos inevitables ni castigos divinos irremediables. Sí que hay ciudadanos libres que pueden tomar decisiones. Quizá habría que preguntarse a quién conviene creer que las cartas están echadas y que no queda sino los lamentos y el crujir de dientes. Tal vez a todos. Estar convencido de que nada se puede hacer y que todo está perdido, es sumamente cómodo. Te abandonas a la melancolía y suspiras frustrado ante tanta maldad con la que tú no tienes nada que ver. Mucho más difícil es hacer algo. Cambiar las cosas. Demostrar que la corrupción no es más que una opción. Y no la mejor, precisamente.

Fuente: https://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/corruptus-extremis-428842
¡El riesgo es que te quieras quedar!
¡Lo sé, porque me quedé!


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