El legado Santos: ¿Veredicto para la Historia?

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El legado Santos: ¿Veredicto para la Historia?

Post: # 9062Post Darloup »

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Juan Manuel Santos Calderón, actual presidente de la República de Colombia.


Por Francisco Miranda

Dos narrativas chocan en los últimos días del gobierno Santos: ¿Es el fin de una era histórica o de una administración rechazada por más de la mitad de los colombianos?

Solo ocho días le restan a los ocho años del gobierno de Juan Manuel Santos y el veredicto definitivo sobre su gestión sigue en discusión. A pesar de haber obtenido el mayor logro que cualquier mandatario habría anhelado en los últimos 60 años −firmar un acuerdo de paz con las Farc−, el presidente de Colombia finaliza su segundo período con un aprobación mediocre del 35%. ¿Será el de Santos un legado que el paso de los años juzgará con mayor benevolencia y mirará con mayor gratitud que la gran mayoría de colombianos que gobernó?

Dos hechos marcaron el mandato presidencial santista: la negociación y firma de la paz con la guerrilla y la férrea oposición de su antecesor y mentor Álvaro Uribe, hoy en líos judiciales. La pelea entre Santos y Uribe es indudablemente un factor sin el cual no se puede entender la Colombia de los últimos ocho años. Elegido como el continuador de la seguridad democrática uribista, el mandatario actual le apostó su mandato al proceso de paz con las Farc, hipotecó a esas negociaciones el sello de su gobierno y desató la conformación de un feroz bloque opositor que pondría su sucesor.

Los huevos en una canasta. Cualquier evaluación de los dos períodos presidenciales de Juan Manuel Santos debe partir por separar la percepción popular del mandatario de los logros tangibles de su gestión. Aún a pesar de haber ganado su reelección, en cinco de sus ocho años en la Casa de Nariño, los índices de desaprobación en encuestas como la Gallup superaron a la imagen positiva. El propio jefe del Estado lo reconoce al decir: “hacer lo correcto y no lo popular”.

Sin embargo, la administración Santos sí es responsable por haberse convertido ella misma en una rehén del proceso de negociación y posterior acuerdo de paz con las Farc. Prácticamente cada año el primer mandatario estrenaba una nueva narrativa de gestión en la cual, junto a la paz, se destacaban otros aspectos de su gobierno. A las locomotoras de la prosperidad se le sumaron el país JMS- Justo, Moderno y Seguro- y “Paz, Equidad y Educación”.

El denominador común de estos eslóganes era la necesidad del gobierno de enmarcar una narrativa de modernización donde los esfuerzos de paz eran una pieza central pero no contaban toda la historia. Al final lo que comenzó como un problema de comunicación presidencial se transformó en una gestión monotemática, amarrada a una sola política pública. Todos los huevos en una canasta.

A lo anterior se debe añadir la férrea oposición que desplegó Álvaro Uribe contra el gobierno. Primero como una voz crítica, pionera en el uso de las redes sociales, y luego con la creación del Centro Democrático, el expresidente articuló el rechazo mayoritario a la guerrilla. Además, constantemente forzó a la Casa de Nariño en la batalla de las comunicaciones, a hablar en los términos del lenguaje opositor: “justicia y no impunidad” es un ejemplo. La victoria del No en el plebiscito de 2016 fue el punto culmen de esa estrategia.

El tiquete a la historia

La firma del Acuerdo de Paz constituye sin duda es el logro más destacado del gobierno que termina y su tiquete a un lugar destacado en los libros de Historia. No obstante, la implementación de lo acordado ha contaminado esa herencia: desde el manejo de los dineros hasta por el crecimiento de las disidencias y el asesinato de líderes sociales pasando por el caso de narcotráfico contra Jesús Santrich. De hecho, la mayoría de los votantes escogió como sucesor de Santos a Iván Duque con un claro mandato de ajustes a ese proceso.

Aunque Santos es un presidente acostumbrado a enmarcar sus logros como “históricos” en áreas diferente a la paz, lo cierto es que, por ejemplo, en temas de pobreza monetaria y multidimensional, las estadísticas respaldan los avances. Asimismo en relación con los 1.370 kilómetros de doble calzada, las intervenciones a unos 50 aeropuertos, las tasas de homicidios y protecciones ambientales a zonas protegidas y páramos. El gran problema con esa gama de resultados es que, a pesar de los esfuerzos de la Casa de Nariño, nunca fueron hilados en un mensaje concreto de gobierno.

Paradójicamente, con la implementación del Acuerdo complicada en tantos frentes, será el entrante gobierno de Duque el encargado de moldear la cara final de este posconficto con las Farc y de enfrentar su herencia que ya está siendo violenta. En otras palabras, aún es prematuro para afirmar que ese veredicto de la Historia mirará solo la firma del Acuerdo o englobará las dificultades de la implementación. Por ejemplo para la revista británica The Economist, siempre favorable a Santos, ese fallo será generoso y amable.

Ya en los últimos días de su gobierno el presidente Santos ha visto su imagen favorable subir y el optimismo nacional mejorar sustancialmente. Aunque la belicosidad de la campaña electoral no ha parado y las críticas contra Duque abundan, la narrativa santista de los logros de la paz ha calado en simultánea con un compás de espera al gobierno entrante. Lo cierto hoy es que la incapacidad de la administración Santos de que su legado de ocho años saliera bien librado en las urnas tendrá algún impacto en ese veredicto futuro. Si la transformación del país en los dos períodos santistas fue tan profunda e histórica, ¿por qué la mayoría no decidió continuar? Del veredicto actual de cada colombiano sobre el legado Santos depende la respuesta a esa pregunta de arriba.

Fuente: https://www.elheraldo.co/politica/el-po ... ria-524724
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Carta abierta a Juan Manuel Santos

Post: # 9063Post Darloup »

Por Jorge Munoz Cepeda

Presidente, quienes mantenemos vivo el sano escepticismo a la hora de evaluar el ejercicio de los políticos en el poder, sabemos que es imposible solucionar los problemas de un país como Colombia en ocho años, o en 20, o en 50. Son profundas nuestras carencias y escasas las voluntades de las personas que solemos escoger para erradicarlas. Así que son normales, tanto la ineptitud de los elegidos, como el recelo de los electores.

Sin embargo, y en contra de todos los pronósticos, su servicio al país desde la Presidencia ha resultado ser una afortunada excepción: a fuerza de persistir en lo fundamental, usted logró demostrar, con hechos, que es posible que un gobernante asuma la improbable y desagradecida tarea de gobernar pensando en los intereses supremos del pueblo.

Fueron muchos sus logros: 90 billones de pesos ejecutados en infraestructura, 3,5 millones de nuevos empleos, 41 millones de hectáreas protegidas de la depredación ambiental, 300 mil hectáreas de tierra restituidas a campesinos, 8 millones de niños con educación primaria gratuita, casi 500 mil casas gratis, una inflación promedio del 3,5%, reducción de 6 décimas en el índice de desigualdad económica, entre muchos otros. Pero, no nos digamos mentiras, sería desproporcionado exagerar en felicitaciones por una labor que es la que se espera de cualquier servidor público en cuyas manos la ciudadanía encomienda una buena parte de su destino.

Lo que sí estamos obligados a agradecerle, y lo haremos por muchas generaciones, es el enorme aporte que usted le ha hecho al esquivo anhelo de la paz. La terminación del conflicto con las Farc, la reincorporación de esa guerrilla a la sociedad a cambio de verdad, reparación, justicia y no repetición, ha sido la conquista más importante que presidente alguno haya conseguido desde los tiempos de la independencia. Porque el acuerdo cambiará para siempre la dinámica perversa en la que estuvo sumergida nuestra sociedad durante medio siglo; porque a partir de ese primer paso ya no será necesario dejar pasar las oportunidades de desarrollo, de prosperidad, de inversión social; porque ya no tendremos que contar muertos, que llorar muertos, que vengar muertos.

Quienes hemos recorrido los territorios más golpeados por esta violencia absurda, hemos sido testigos de que el fin del conflicto y el comienzo de la implementación de lo pactado con la insurgencia, ha llenado de esperanza a los colombianos más pobres, a las víctimas de esta confrontación inútil, a las viudas, a los huérfanos, a los desplazados, a los campesinos despojados de su tierra, a los hombres y mujeres que padecieron una guerra que la mayoría de nosotros presenció por televisión. Esa esperanza, presidente, ese miedo desterrado, ese pedazo de tierra devuelto, esa certeza de que la muerte no llegará sin avisar, parapetada en un fusil sin nombre, será su mejor recompensa y su más importante legado.

He considerado mi obligación el defender, desde este modesto espacio, su inquebrantable compromiso con la paz de Colombia, y al hacerlo me he visto obligado a enfrentar, como muchos de mis colegas columnistas de casi todos los medios, los embates de una oposición destructiva, desleal e irreflexiva, y a recibir diariamente insultos, amenazas y burlas; a pesar de la molestia, de la fatiga y del miedo, no hay lugar para el arrepentimiento por haber hablado de la paz que usted nos regaló como lo mejor que pudo pasarle a este país en mucho tiempo.

Gracias, Presidente, por los colombianos que no van a morir baleados en el pecho. La vida de uno solo de ellos justifica su mandato, y cada una de mis palabras.

Fuente: https://www.elheraldo.co/columnas-de-op ... tos-526550
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Gracias, presidente Santos

Post: # 9064Post Darloup »

Por Maria Fernanda Matus

El Observatorio de Memoria y Conflicto, del Centro Nacional de Memoria Histórica, documentó los hechos ocurridos en el conflicto armado colombiano entre 1958 y julio de 2018. La guerra ha dejado 80.514 desapariciones forzadas. 24.518 masacres. 37.094 víctimas de secuestro. 17.804 menores de 18 años reclutados. Un total de 94.754 muertes son atribuidas a los paramilitares, 35.683 a la guerrilla y 9.804 a agentes del Estado”. Las aterradores cifras demuestran el horror que se vivió en el país durante más de cincuenta años.

Recordar la historia es doloroso pero necesario. Vivimos en un país que tiene profundas heridas. Algunas incurables. Parece imposible imaginar la paz. Qué palabra tan simple. Qué difícil comprenderla. Colombia parece estar condenada a la violencia. Desde los inicios, hace doscientos ocho años, estamos en esa búsqueda de la verdad, intentamos recuperar nuestra identidad y darle la mano a la paz. El camino ha sido largo, casi eterno. Es como si el pasado le arrancara la piel al futuro para cobijarse en medio de la guerra y no dejarnos avanzar. Hasta que llegó un presidente que trató de pasar la página, que se arriesgó, que nos dio la posibilidad de saltar del sueño a la acción… y defendió la vida... y salvó miles de vidas.

Juan Manuel Santos acabó su mandato. Ocho años como presidente. Terminó el período con poca favorabilidad. ¿Qué tal el delirio del colombiano? El mundo entero aplaude su legado, mientras que aquí le metemos zancadillas al progreso. A pesar de las fallas en su gobierno, logró resolver el punto que más le costó al país en la contemporaneidad: desarmar a la guerrilla más antigua de América Latina. Apagó cincuenta años de guerra. Y aunque el Acuerdo no se ha implementado en su totalidad y queda cojo, ¡desarmó a las Farc! Dio el primer pasó para llegar a la meta, para ofrecerle un mejor lugar a las próximas generaciones.

El presidente Santos no sólo luchó por la paz. Fue un demócrata en todo el sentido de la palabra. Respetó a la oposición. Los periodistas no sintieron las amenazas y zozobra que se vivieron durante décadas. Por primera vez, los partidos políticos alternativos tuvieron una opción real de participar en política. La prueba está en un Congreso pluralista que abarca a casi todos los sectores de la sociedad.

Las cifras también tienen voz. En 2010 el desempleo estaba en 11,8% y en 2018 está en 8,7%. La pobreza extrema fue, en 2010, de 14,4% y, en 2017, de 7,4%. La pobreza multidimensional estaba en 30,4% y bajó a 17,8%. La inversión extranjera en 2010 fue de 24,5% y en 2017 subió a 27,5%. También hay puntos negativos y varios errores en su mandato, pero son innegables los puntos positivos.

Quedan varios vacíos, pocas garantías para los sectores más vulnerables. El Acuerdo no se blindó y está en nuestras manos protegerlo o volverlo trizas. En esta columna varias veces critiqué al gobierno de Juan Manuel Santos, hoy resalto su legado.

Gracias, presidente Santos por creer en la paz. Por defenderla. Por salvar miles de vidas. La historia lo espera y las nuevas generaciones estaremos eternamente agradecidas.

Fuente: https://www.elheraldo.co/columnas-de-op ... tos-527012
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El legado de la paz

Post: # 9066Post Darloup »

Por Érika Fontalvo

En España hay un refrán que es ley de vida, “Es de bien nacidos, ser agradecidos”. Y al término del gobierno de Juan Manuel Santos digo, gracias presidente.

Estoy convencida de que ponerle fin al accionar terrorista de esa “máquina de matar” que eran las Farc, es lo más importante que le ha pasado al país en los últimos años. Son 13 mil combatientes los que hoy no están masacrando uniformados o civiles, secuestrando, extorsionando, cometiendo abusos de todo tipo, reclutando menores, lanzando cilindros bomba, tomándose poblaciones a sangre y fuego, sembrando minas, llenando al país de dolor y muerte, dejando un reguero de viudas, niños huérfanos, padres devastados y hogares destrozados en zonas rurales y urbanas.

¿Se acuerdan? Vivíamos en un país que respiraba miedo, sumido en una guerra de décadas con las Farc que parecía no tener fin. Ese era nuestro día a día.

Solo en el año 2002 se documentaron 860 acciones ofensivas de las Farc y cerca de 560 combates con la Fuerza Pública con saldo de 1.863 guerrilleros, 583 civiles y 381 policías y militares muertos: ¡2.827 vidas perdidas! El año pasado, según el Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos, las muertes por razones del conflicto con las Farc fueron cero, sí, cero.

En 2011, el Hospital Militar recibió 430 soldados heridos, mientras que el año pasado llegaron 34 y en el primer semestre de este 2018, 13.

El fin de las Farc, como grupo armado ilegal, no es el fin de la guerra. La implementación y consolidación de la paz, tras la firma del acuerdo en 2016, será un proceso largo que demorará unos 15 años, requerirá recursos por $129 billones y sobre todo el compromiso de los próximos cuatro presidentes.

Demasiados actores de este conflicto como el Eln, el Epl, las disidencias y las Bacrim mantienen vigente su actividad criminal apoyándose en el narcotráfico como el principal combustible de las economías ilegales, que en regiones como el Catatumbo, Cauca y Nariño amenazan y asesinan a líderes sociales, mientras ponen en jaque la institucionalidad.

En Colombia, donde el conflicto ha dejado 262 mil muertos desde 1958, la gran mayoría civiles, 215 mil, constituye un imperativo moral buscar el fin del sufrimiento de las personas más vulnerables, principales víctimas de toda guerra. Estas cifras del Centro Nacional de Memoria Histórica no dejan dudas sobre el irrenunciable compromiso que para todo colombiano, desde el presidente hasta el más humilde ciudadano, debe ser la búsqueda de la paz y la reconciliación nacional.

Santos así lo entendió, aunque esto significara agotar su capital político. Este estratega de la guerra, que le dio los más duros golpes a las Farc, pasará a la historia por haber negociado con ellas y lograr con una tozuda persistencia un acuerdo imperfecto, pero un acuerdo al fin y al cabo que silenció miles de fusiles.

PD: Hoy los invito a construir sobre lo construido, a ajustar lo que haga falta y a seguir adelante. Queda aún mucho por hacer para que logremos vivir en paz.

Fuente: https://www.elheraldo.co/columnas-de-op ... paz-526992
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Santos, modelo para armar

Post: # 9068Post Darloup »

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El presidente Juan Manuel Santos dejará la Casa de Nariño este martes 7 de agosto.


Por Óscar Montes

Al terminar sus 8 años de gobierno, ¿cuál es el verdadero mandatario que abandona la Casa de Nariño? ¿El que idolatran sus defensores o el que aborrecen sus detractores?

Una frase reciente de Juan Manuel Santos podría resumir lo que él considera su legado: “Dejo un país en paz y sin Farc”. Ahí están condensados sus ocho años de gobierno. Esa fue su apuesta una vez llegó a la Casa de Nariño el 7 de agosto del 2010, cubierto en aquellos tiempos por el manto protector de Álvaro Uribe Vélez, quien en ese momento abandonaba la Presidencia con un exorbitante respaldo en las encuestas del 80 por ciento.

La luna de miel de Santos con su mentor duró muy poco, casi nada. La “traición” empezó con los primeros nombramientos del gabinete, en el que se destacaban, entre otros, Germán Vargas Lleras, Rafael Pardo y Juan Camilo Restrepo, todos connotados dirigentes políticos, pero sobre todo “antiuribistas confesos”.

Pero el portazo definitivo de Santos a Uribe llegó cuando afirmó en Santa Marta que Hugo Chávez -enemigo declarado de Uribe- era “su nuevo mejor amigo”. Ahí ardió Troya, hasta el sol de hoy, cuando las relaciones entre Santos y Uribe no solo están rotas, sino que su brutal enfrentamiento terminó por definir la suerte del primero como Presidente. ¿Cómo habría sido un gobierno de Santos si jamás hubiera peleado con Uribe? Esta sigue siendo la pregunta del millón y su respuesta solo puede analizarse desde el terreno incierto de la especulación.

Ya sin Uribe de su lado y convencido cada día más de que debía dejar su propia huella en la historia del país, Santos se dedicó en cuerpo y alma a sacar adelante su gran apuesta como mandatario: la paz con las Farc, después de más de 50 años de guerra. Esa negociación no solo terminó por convertirse en su obsesión, sino que le permitió mostrar una faceta de “pacifista”, que muy pocos conocían y que jamás había mostrado en ninguno de sus cargos anteriores, en especial el de Ministro de Defensa. Ese Santos conciliador sorprendió a un país que lo había elegido para que culminara la tarea que Uribe había comenzado ocho años atrás y que no era otra que la de “aniquilar” a las Farc.

Santos hoy sostiene que ese compromiso lo cumplió, aunque para hacerlo no tuvo que “aniquilar” al último guerrillero de las Farc, como pretendían los uribistas, sino que lo logró por otra vía: la de la negociación. Hoy las Farc como organización guerrillera ha dejado de existir y la gran mayoría de sus combatientes se están reintegrando a la sociedad. Los jefes del que fuera considerado el grupo subversivo más sanguinario del país abandonaron las armas y están en el Congreso de la República, discutiendo de tu a tu con sus principales enemigos.

Por esa razón Santos saca pecho diciendo que entrega un país sin Farc. Y tiene razón: esas Farc que asesinaban soldados y policías todos los días, que tomaban brigadas, batallones y poblaciones a sangre y fuego y extorsionaban y secuestraban a comerciantes y ganaderos, han dejado de existir. Desconocerle a Santos ese logro sería no solo un acto de mezquindad, sino una estolidez.

Pero esos logros de Santos -que hasta le valieron el Nobel de Paz- no son ponderados por quienes consideran que el precio que pagó por desmovilizar a las Farc fue demasiado alto, empezando por la propia impunidad de los delitos cometidos por los jefes guerrilleros. Ver a Timochenko aspirando a la Presidencia, y a Márquez y Santrich habilitados para ocupar curules en el Congreso, es algo que sus detractores -empezando por los uribistas- no le perdonan a Santos.

De acuerdo con estos detractores, la lista de “pecados imperdonables” de la negociación de Santos con las Farc es larga y ella incluye, entre otros, no haberles pedido cuentas a los jefes guerrilleros por sus vínculos con el narcotráfico, ni por el reclutamiento de menores, ni por la totalidad de las armas no entregadas.

Pero, además, responsabilizan a Santos de confeccionarles a los exjefes guerrilleros un traje a la medida para blindarlos de cualquier castigo por todos sus delitos, mediante la creación de la Jurisdicción Especial de Paz (JEP), quizá la figura más cuestionada por los detractores de la negociación.

Quienes se opusieron a la negociación con las Farc, lo señalan de haber desconocido el resultado del Plebiscito de la Paz, que dio como ganador al NO sobre el SÍ, al tiempo que lo responsabilizan de los actos criminales realizados por los disidentes de las Farc, entre ellos alias Guacho. Santos no solo traicionó a Uribe, sino que le entregó el país a las Farc, según sus detractores.

De manera que mientras sus defensores ven a Santos como un ángel, sus contradictores lo ven -y lo seguirán viendo- como un demonio. Después de abandonar la Casa de Nariño este martes 7 de agosto, Santos dedicará buena parte de su tiempo a defender su legado -aunque ahora diga que le gustaría dedicarse a cuidar nietos- puesto que está visto que si no lo hace, sus enemigos se encargarán de destruir todos y cada uno de sus logros, que en todo caso son menos de los que él pregona y más de los que sus detractores le reconocen.

¿Cómo le fue a Santos en sus ocho años de gobierno?

Lucha contra la corrupción: rajado con honores

En materia de lucha contra la corrupción, una cosa fue el discurso de Santos y otra muy distinta los hechos. El discurso dice que la combatió y los hechos evidencian que la promovió.

Santos “enmermeló” al Congreso para sacar adelante sus iniciativas. Y eso es corrupción pura y dura. En entrevistas recientes se muestra sorprendido por la cantidad de escándalos en los que están envueltos sus aliados políticos, empezando por los Ñoños de Córdoba, quienes aceitaron la maquinaria electoral en la segunda vuelta presidencial de 2014 con plata de Odebrecht. Santos no puede decir ahora que desconocía las andanzas de sus antiguos amigos políticos, pues acudió a ellos precisamente porque sabía de ellas. Un episodio reciente muestra el talante de Santos con respecto a la corrupción: María Andrea Nieto, exdirectora del Sena, narró cómo informó a Santos en su despacho y en presencia de su hijo Esteban, de los sobrecostos en obras en los que incurrían funcionarios del Sena, que tenían el respaldo político de Alfonso Prada, exdirector del Sena y secretario general de la Presidencia. Pese al valor de sus denuncias, Santos respaldó a Prada y ordenó a la ministra de Trabajo, Griselda Restrepo, que declarara insubsistente a Nieto. Peor aún: hace poco se refirió a Nieto como “esta niña” y sostuvo que le “había quedado grande el Sena”. Termina Santos sus dos mandatos y nos quedamos sin saber qué pasó con la plata de Reficar, con la de Odebrecht, con la que recibieron los magistrados y exmagistrados del “cartel de la toga”, con los dineros de los Programas de Alimentación Escolar (PAE), con los carteles de la educación y la hemofilia en Córdoba. En fin, la lucha contra la corrupción no es precisamente la joya más preciada que tiene Santos para mostrar en sus dos gobiernos.

Santos Vs Uribe: nadie gana, todos pierden

La mejor demostración de que la pelea entre Santos y Uribe está lejos de acabarse es que ahora quienes pelean son sus hijos. En efecto, hace poco Tomás y Jerónimo Uribe se enfrascaron en una “batalla campal” en Twitter contra Martín y Esteban Santos por cuenta de los logros y aciertos de sus padres. En lugar de tender puentes de acercamiento que permitan una relación respetuosa, en medio de sus diferencias políticas, lo que han hecho Santos y Uribe es dinamitar cualquier posibilidad de entendimiento. Santos hizo las paces con Timochenko, pero no pudo hacerlo con Uribe, que fue su aliado cuando ambos combatieron a las Farc. Es decir, terminó reconciliado con las Farc y enemistado con Uribe, algo impensado cuando empezó su primer mandato. Lo cierto es que en esta pelea nadie gana: ambos pierden. Punto. Santos debió padecer la oposición más encarnizada que ningún Presidente ha soportado en la historia reciente del país. Santos no tuvo un solo día de tregua por parte de Uribe y Uribe debió soportar las embestidas de Santos como Presidente. Lo que pudo ser un éxito de ambos -acabar con las Farc- terminó siendo un motivo más de discordia. La verdad clara y contundente es que sin los golpes militares de Uribe, las Farc no se habrían sentado a negociar con Santos.

Economía: las cuentas no cuadran, pero...

Los números de Santos en sus ocho años de gobierno pueden verse desde dos ángulos: el optimista y el pesimista. El optimista muestra que entre 2010 y 2017 la economía creció un promedio del 4%, cifra que evidencia un manejo responsable, pese a los momentos difíciles que se vivieron por cuenta del desplome de los precios del petróleo. El crudo pasó de USD100 el barril a USD27, lo que ocasionó la desaceleración de la economía entre 2016 y 2017. La pobreza se redujo del 47,9% al 27,9% y ello permitió que 5,4 millones de colombianos abandonaran esta condición de precariedad. Los optimistas sostienen que “hay síntomas de reactivación económica”. Para los pesimistas, el vaso está medio vacío. La informalidad laboral sigue galopante, la tributación no mejora y sigue recargada en la clase media asalariada, que termina siendo la paganini de la evasión, por un lado, y de la corrupción, por el otro. En materia de consumo, el tristemente célebre aumento del IVA al 19% terminó rompiéndole los bolsillos a los colombianos, que prefieren “vitrinear”, como la familia Miranda, en lugar de hacer compras en almacenes y centros comerciales. La situación está tan crítica que el presidente Iván Duque y su ministro Alberto Carrasquilla tendrán que llegar con su reforma tributaria bajo el brazo. Reforma que -¿alguien lo duda?- terminará por exprimirnos los bolsillos ya rotos a los colombianos asalariados.

No habrá santismo, ¿bueno o malo?

El presidente Santos afirma con orgullo que después del 7 de agosto no habrá santismo en Colombia. Es decir, que dejará tranquilo al presidente Duque para que gobierne como a bien tenga y que él se dedicará a otros menesteres más gratificantes, como el de criar nietos, que según decía Rafael Escalona es “el más sabroso”. Santos dice que no habrá santismo, porque él debió padecer el uribismo, que lo atormentó durante sus dos mandatos. Lo cierto es que en Colombia, son muy pocos los presidentes que buscan perpetuar sus ideas, aunque sus figuras se mantengan vigentes. Pasó con Belisario Betancur, Virgilio Barco, César Gaviria, Ernesto Samper y Andrés Pastrana. Uribe -a diferencia de todos ellos- tiene un enorme arraigo popular y responde más a la figura del caudillo que concentra el poder, que a la del líder político que lo delega. De cualquier manera, para los uribistas lo mejor es que no haya santismo. O para ser más preciso: lo mejor es que jamás hubiese existido. Por eso este 7 de agosto -cuando llegue Iván Duque a la Casa de Nariño- podrán respirar tranquilos. ¿Será que sí?

Fuente: https://www.elheraldo.co/politica/la-le ... mar-527211
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Los momentos clave de 8 años marcados por el proceso de paz

Post: # 9069Post Darloup »

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El presidente Juan Manuel Santos durante el acto de la firma del acuerdo de la paz con las Farc.


Por Tomás Betín

Desde el tema de la paz hasta las distintas velocidades y atascos de las denominadas ‘locomotoras’, EL HERALDO presenta una cronología del paso del mandatario saliente por la Casa de Nariño.

El devenir del gobierno de Juan Manuel Santos pasa en los últimos ocho años por episodios como el progresivo desprendimiento de las lides de su antiguo mentor, el expresidente Álvaro Uribe; las distintas velocidades y atascos de las denominadas ‘locomotoras’ del primer periodo; el manejo con austeridad e impuestos de la caída de los precios del petróleo; el inesperado anuncio de la mesa de paz con las Farc, el debatido acuerdo final y el Nobel de Paz.

También por el empoderamiento del ‘No’ en el plebiscito y la dura oposición de Uribe en el Congreso durante la implementación del posconflicto; los réditos internacionales de la paz con los carnés de la Ocde y la Otan y el destape tras el silencio de los fusiles de estrepitosos escándalos de corrupción como el de Odebrecht.

Todo esto sin contar el primer gran desafío que tuvo que enfrentar Santos a los pocos meses de haberse posesionado: los graves desastres naturales que desde finales de 2010 trajo la ola invernal que produjo el Fenómeno de la Niña, con afectaciones sobre todo en la Costa Caribe.

Según el Gobierno, hubo afectaciones en el 90% del territorio nacional, se registraron 275.569 viviendas dañadas y cerca de 2 mil destruidas. Por ello Santos destinó un presupuesto de $1,76 billones, anunció créditos al Banco Mundial por US$150 millones y la destinación de US$25 millones incautados a los narcotraficantes para atender a los más de 3 millones de damnificados.

Contradictor más fuerte

Otro ‘desastre’ se le vino a Santos apenas un día después de haberse posesionado. Todo iba bien entre Uribe y su exministro de Defensa hasta el 8 de agosto de 2010, cuando la canciller María Ángela Holguín y su entonces homólogo, Nicolás Maduro, anunciaron que Santos y el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, se reunirían en dos días en la Quinta de San Pedro Alejandrino, en Santa Marta.

El objetivo era restablecer las relaciones agravadas desde el bombardeo en Ecuador de 2008 contra Raúl Reyes y rotas definitivamente en 2010 por las denuncias de Uribe ante la presencia de la guerrilla del otro lado de la frontera.

Luego, arreciaron los desencantos: en octubre de 2011 Santos retomó el Ministerio de Trabajo y Uribe, que lo había fundido con el Salud, le dijo “derrochón” y ante la andanada de señalamientos penales por el AIS, las ‘chuzadas’ y las falsas desmovilizaciones en contra de exfuncionarios uribistas, Santos optó por respaldar a la justicia.

Y el adiós definitivo entre los dos fue el inicio del proceso de paz con las Farc, en septiembre de 2012: el exministro de Defensa de la uribista Seguridad Democrática, programa que tenía como fin derrotar a la guerrilla militarmente, materializaba el inicio de un pacto de desarme que el expresidente no pudo concretar.

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El presidente saliente Santos conversa con el expresidente Álvaro Uribe.


La paz

La paz con las Farc fue un proceso de dos años de acercamientos y cuatro años de negociación pública.

Se concretó, eso sí, luego de que el 23 de septiembre de 2010 se realizara la ‘Operación Sodoma’, donde se dio de baja a alias el Mono Jojoy, jefe militar de las Farc y el 4 de noviembre de 2011, en el marco de la Operación Odiseo, se diera de baja a alias Alfonso Cano, quien ejercía hasta ese momento como comandante en jefe de las Farc luego del fallecimiento de Tirofijo.

El 18 de octubre de 2012 las dos delegaciones iniciaron formalmente el proceso de negociación con Cuba y Noruega como garantes, y Venezuela y Chile como acompañantes.

El 16 de agosto del 2014 llegó la primera comisión de víctimas a La Habana –serían en total cinco comisiones-, bajo el liderazgo de la Conferencia Episcopal de Colombia, la Universidad Nacional y la ONU.

El histórico primer apretón de manos entre Santos y ‘Timochenko’ se produjo el 23 de septiembre de 2015 en Cuba, en medio del anuncio del acuerdo en temas de justicia, el punto más álgido de las conversaciones y el que las tuvo andando a paso lento y a punto de quebrarse.

Aunque tras incumplir la primera fecha pactada, el 23 de junio de 2016 el jefe de Estado y el jefe de la guerrilla se vuelven a encontrar en La Habana para reportar el fin del conflicto y el cese al fuego definitivo. Como invitados especiales estuvieron varias personalidades de la comunidad internacional.

El 26 de septiembre de 2016 quedó en la historia como la primera firma del acuerdo de paz, en Cartagena, ante numerosos presidentes, cancilleres, Ban Ki-moon y 2.500 invitados de todo el mundo.

No obstante, el 2 de octubre de 2016, por una estrecha diferencia de 60.374 votos, el ‘No’ a los acuerdos con las Farc, impulsado por la oposición liderada por el expresidente Uribe desde el Congreso, ganó el plebiscito.

Tras intensas reuniones con los líderes del ‘No’ y hechos más del 90% de los ajustes pedidos por los opositores, el 24 de noviembre de 2016, en el pequeño Teatro Colón de Bogotá, se suscribió el acuerdo de paz definitivo con las Farc.

El 9 de diciembre de 2016 le fue otorgado el Premio Nobel de la Paz, por “sus decididos esfuerzos para acabar con los más de 50 años de guerra civil en el país, una guerra que ha costado la vida de al menos 220.000 colombianos y desplazado a cerca de seis millones de personas”. El anuncio del Nobel se produjo el 7 de octubre de ese mismo año, cinco días después del fallido plebiscito, lo que lo convirtió en el segundo colombiano homenajeado por esta organización, luego del recibido por el cataquero Gabriel García Márquez, en 1982.

Las relaciones internacionales

Las relaciones internacionales de Santos estuvieron cruzadas transversalmente por la paz con las Farc y un ánimo de diálogo más que de confrontación con los países vecinos de gobiernos izquierdistas. Así, mantuvo buenas relaciones durante buena parte de su gobierno con Hugo Chávez y Nicolás Maduro, en Venezuela, y estabilizó los vínculos con Rafael Correa, en Ecuador.

Sin embargo, se le ha criticado su falta de carácter por ejemplo cuando en 2015 se desarrolló una crisis bilateral luego que el gobierno de Maduro cerrara el paso por el Puente Internacional Simón Bolívar. Maduro deportó sin debido proceso, según cifras de la ONU, a más de 1.600 colombianos y presionó el retorno de más de 19.700. Y, además, mantiene presos de manera ilegal a medio centenar de colombianos que fueron dejados en libertad por autoridades judiciales de Caracas.

Otro suceso importante para las relaciones exteriores del país ocurrió el 19 de noviembre de 2012, cuando la Corte Internacional de Justicia emitió un fallo histórico sobre el diferendo limítrofe con Nicaragua, ratificando la soberanía colombiana sobre siete cayos del archipiélago de San Andrés y Providencia, pero con una pérdida significativa de 40% de mar territorial para Colombia.

Frente a los EEUU Santos siempre mantuvo buena relación con el expresidente Barack Obama, también Nobel de Paz en 2009, y con quien se reunió durante la Cumbre de las Américas de Panamá en 2014.

Con el presidente actual, Donald Trump, las relaciones se han visto ensombrecidas por el aumento de los cultivos ilícitos en los últimos años. En junio pasado, el subdirector de la Oficina de la Política Nacional para el Control de Drogas en la Casa Blanca, Ondcp, Jim Carrol, calificó como “inaceptable” el aumento del 11% de los cultivos de coca en Colombia durante 2017: los cultivos alcanzaron las 209 mil ha sembradas, cuando en el 2016 se estimaba que existían unas 188 mil hectáreas.

Finalmente, en un episodio que pendula hacia lo judicial, el 14 de marzo de 2017 Santos reconoció que su campaña presidencial de 2010 recibió pagos ilegales de Odebrecht.

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Santos saluda a Nicolás Maduro y a John Kerry durante la firma de la paz.


Las ‘locomotoras’

Cinco ‘locomotoras’ propuso Santos en el Plan de Desarrollo 2010-2014: Infraestructura, Minería, Vivienda, Agro e Innovación. De estas, algunas marcharon a mayor velocidad que otras.

La ‘locomotora’ de la infraestructura, de acuerdo con el balance final del Gobierno, dejó: 30 procesos de adjudicación para las nuevas autopistas de Cuarta Generación, $100 billones comprometidos para invertir en proyectos de vías, puentes, puertos, túneles y aeropuertos; hay 1.400 kilómetros adicionales de nuevas dobles calzadas y se han intervenido 40.000 kilómetros en vías terciarias.

La minera arrojó: formación a 32.705 mineros en producción más limpia eliminando el uso de mercurio, 6.330 mineros pasaron a la formalidad, 3,4 millones de familias recibieron por primera vez el servicio de gas, 202.000 familias tuvieron acceso por primera vez a la energía, y entre 2010 y 2017, el sector minero energético contribuyó con un promedio del 9% al crecimiento económico del país.

La ‘locomotora’ del agro, según el Ejecutivo, logró sembrar más de 2 millones de nuevas hectáreas entre 2010 y 2017, lo que generó seis millones de toneladas de alimentos adicionales. Y mientras que entre 2002 y 2009 se sembraron en promedio anualmente 25.000 hectáreas, entre 2010 y 2017 se sembraron en promedio anualmente 259.956 hectáreas. Cerca de 300.000 hectáreas de tierras han sido restituidas desde 2013.

La de vivienda reportó, desde el Gobierno, la construcción de 1 millón 749.000 viviendas, para 5,1 millones de personas y un total de 273.499 viviendas gratis. Se redujo con ello el déficit de vivienda pasando de 12,5% en 2005 a 5,2% en 2017. Además, 6,8 millones de personas recibieron por primera vez el servicio de agua potable y 7,4 millones el de alcantarillado.

Y la ‘locomotora’ de la innovación fue la que menos marchó, no se cumplieron las expectativas de financiamiento, no hubo disposición de recursos necesarios en la preparación del capital humano, no se fortaleció la capacidad de investigación ni de crear tecnológica autóctona, no se impulsó la innovación industrial y no se creó cultura científica.

Político

“Indudablemente, el suceso más importante del gobierno de Santos fue haber firmado la paz con las Farc con la consiguiente disminución de la tasa de homicidios. En el plano social, haber reducido la tasa de desempleo, la extensión del cubrimiento de la salud, la regulación de cientos de medicamentos, la construcción de miles de aulas escolares y la reducción de las desigualdades, así como la aceptación del país en la Otan”.

Rubén Sánchez, politólogo y PhD en Ciencias Económicas.

Económico

“A pesar de la baja del precio de las materias primas, sobre todo del petróleo, tuvo éxito en la estabilización de la economía y en mantener un crecimiento económico de 2 a 2,5%, pero este nivel de crecimiento no le permitió disminuir la pobreza. Además, con tal de tratar de rescatar el déficit, se hizo una reforma tributaria pero tuvo como eje central el IVA y hay que tener en cuenta que ese es un impuesto regresivo”.

Giovanni Reyes, director de la maestría de Administración de la Universidad del Rosario.

Internacional

“El gran avance tiene relación directa con el ingreso de Colombia a la Ocde, que implica de alguna manera un gran esfuerzo del gobierno por dar cumplimiento a unos estándares internacionales, que apuntan a darle seguridad y certeza a los inversionistas en torno al manejo de sus capitales. Ese ingreso trae posibilidades de tener un desarrollo económico destacado y mejoras en índices de equidad”

David Barbosa, especialista en Derecho del Trabajo y doctor en Ciencias de la Dirección.

Social

“El balance es, en términos generales, positivo. Mantuvimos un ritmo de crecimiento constante con un manejo bastante adecuado de la crisis por la caída de los precios del petróleo, y Colombia tuvo una desaceleración económica mucho menor que el resto de países en América Latina. Hubo avances en desigualdad económica y en la disminución de la informalidad económica”.

Carlos Sepúlveda, decano de la Facultad de Economía de la Universidad del Rosario.

General

“Creo que el balance general de estos ocho años es un poco regular en la gestión de los temas concretos y coyunturales, y en su capacidad de promover e implementar reformas estructurales profundas. Lo importante en el largo plazo fueron los acuerdos de paz con las Farc y el ingreso a la Ocde. Quedarán las fotos y algunos acontecimientos importantes. Nos olvidaremos del resto”.

Frederic Massé, director del Centro de Investigaciones de la Universidad Externado.

Fuente: https://www.elheraldo.co/politica/los-m ... paz-527223
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Fin de la ‘era Santos’

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Hacer balance de una gestión presidencial no es una tarea sencilla. Menos aun cuando no ha transcurrido un tiempo prudencial para poder hacer un juicio libre de los apremios de la inmediatez, con la serenidad que permite la perspectiva histórica.

La tarea se hace más difícil, si cabe, en el caso de Juan Manuel Santos, porque cualquier intento de juzgar sus ocho años de mandato estará inexorablemente condicionado por el impacto extraordinario que tuvo el proyecto al que apostó toda su energía y su caudal político: el proceso de paz con la guerrilla.

A riesgo de incurrir en un lugar común, podemos decir que la Presidencia de Santos tuvo, como la de sus antecesores, luces y sombras. Si ponemos el foco en la economía, por ejemplo, los datos indican que hubo en general una buena gestión, aunque la producción nacional se resintió en los dos últimos años a raíz de la caída del precio del petróleo. En materia de salud, bajaron significativamente los precios de medicamentos esenciales, pero no se dio una solución de fondo al sistema de prestación.

En estos años, se produjeron mejoras ostensibles en materia de educación, vivienda, deporte e infraestructuras. Pero la corrupción, siguió su imparable curso y, por lo visto, incrementó su voracidad, acentuada por la dependencia del Gobierno en las maquinarias políticas.

Ahora bien: a riesgo de sonar banales, si algo debe reconocerse de manera unánime a Santos es su talante respetuoso –o, como se decía antaño, sus buenos modales–, incluso en los momentos de mayor pugnacidad política. Un rasgo nada menor para el ejercicio democrático, sobre todo en un país con una tradición belicosa.

Por supuesto que hay muchas más aristas que merecerían ser citadas. Pero, como señalábamos con anterioridad, si hay un asunto con el que los libros de Historia asociarán el mandato de Santos es con el proceso de paz.

En su día, desde este espacio editorial apoyamos el acuerdo con las Frac, aunque subrayamos que permaneceríamos vigilantes durante su implementación. Hoy, un día antes de que Santos abandone la Casa de Nariño, seguimos pensando que fue una iniciativa acertada y, también, que aún contiene aspectos polémicos, susceptibles de crítica.

Sin embargo, y puestos a hacer balance, creemos que este esfuerzo, del que ya se perciben algunos resultados positivos –el principal,sin duda, la drástica reducción de víctimas de la violencia–, debe preservarse por el bien del país.

Confiamos en que el presidente entrante, Iván Duque, así lo entienda. Y que, si persiste en su idea de introducir modificaciones al acuerdo de paz, lo haga con habilidad negociadora y poder de convicción para lograr el consenso más amplio posible, sin poner en riesgo lo andado.

Fuente: https://www.elheraldo.co/editoriales/fi ... tos-527653
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