Arroz de lisa: caliente y sabroso

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Darloup
 
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Arroz de lisa: caliente y sabroso

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Édita Camargo, a las 3:40 a.m., dando el visto bueno al arroz que vende al por mayor en su negocio La Olla Contenta.


Por Libardo Barros Escorcia

¡Habla que lo tengo caliente!
¡Habla que lo llevo sabroso!

Eran los pregones tempraneros con que La Mona, cuarenta años atrás, en la calle 10 con carrera 43, sorprendía a quienes hacían su entrada al mercado público de Barranquilla.

No se podía pasar frente a su mesa sin atender los gracejos con que aquella mujer ofrecía su arroz guisado con indiscutible sazón. Solo para celebrar la graciosa manera de promocionar su producto, la gente se acercaba a comprar y compartir con ella la primera alegría del día.

A partir de las diez de la mañana no quedaba un grano de arroz de lisa en aquel caldero de 10 libras que La Mona ofrecía en porciones envueltas en hojas de bijao a la que encimaba ‘la liga’, que podía ser pastas, papa guisada, huevo, queso o vísceras, cuyas cantidades se acomodaban al presupuesto de cada comensal.

La Mona es solo un recuerdo para algunos, pero hoy día proliferan las ventas callejeras de arroz en la ciudad. Aunque ya no se pregona de la misma manera, tal vez por la poca gracia de los vendedores o porque en su mayoría quienes lo hacen son hombres y parece que en ellos no suena bien eso de caliente y sabroso.

A diferencia de los de antes, los vendedores actuales hacen largos recorridos, para lo cual requieren de un resistente triciclo que soporte un peso aproximado de 200 kilos, útil también para cubrir la distancia desde donde compran o cocinan los productos que ofrecen hasta los puestos de venta.

El arroz también se puede comprar para su reventa, en negocios especializados, ya preparado con los guisos, bebidas u otros comestibles con que se acompaña. Pero si el vendedor es buen cocinero lo prepara en su casa o en un lugar cercano al sitio donde guarda el triciclo con los demás utensilios de trabajo.

Los vendedores. En plena zona de tolerancia, en la calle 44 con carrera 39, tiene ubicado su negocio Rafael Peña Torres, de 69 años edad, de los cuales 18 los ha dedicado a vender arroz de lisa, de pollo o de cerdo, en esta esquina.

Cuenta don Rafael que, en San Pablo, Bolívar, su pueblo natal, fue agricultor, pescador y cortador de madera, pero hace 33 años, después de varios viajes a Barranquilla, empezó el negocio de la comida, y gracias a este trabajo educó a sus hijos y compró una casa.

De los bolsillos inferiores de la bata blanca que viste saca unos billetes que cuenta con celo. Dos de 50.000, unos de 20.000 y el resto de 10.000. Cuando los coloca sobre su pierna derecha le pregunto por la cantidad, y me responde con calma: —Hay 350.000 pesos.

Cifra que no incluye el resto de billetes de 1.000 y de 2.000 que guarda en un recipiente plástico revueltos con monedas. Desde las 2 a.m. de este caluroso lunes de finales de julio, don Rafael comenzó a picar carnes y verduras con su mujer y Joaquín Álvarez, de cuarenta años, quien desde hace siete es su ayudante.

Dos horas y media después ya estaban cocinados y listos para la venta: un caldero de arroz de lisa y otro de pollo, 35 huevos, 30 butifarras fritas, 40 pedazos de queso, espagueti, las vísceras y el jugo de guayaba agria ya mezclado.

Desde su casa del barrio La Luz hasta su puesto de venta, don Rafael y su ayudante empujan, de lunes a sábado, el pesado triciclo para llegar a las 6 a.m. en punto y terminar aproximadamente en cinco horas.

En la esquina de la calle 35 con carrera 40 está ubicado el puesto de Abel Rodríguez, barranquillero de 46 años, en otro tiempo albañil. Todos los días cocina en un parqueadero cercano 10 libras de cerdo o pollo y 8 del infaltable arroz de lisa.

Su psicología de las ventas le ha ayudado a reconocer a simple vista al comensal que con 500 pesos en el bolsillo quiere comerse una porción de 2.000. Mientras sirve a un comensal apresurado, me dice que el arroz es tan nutritivo que no le hace daño a nadie, ni siquiera a los niños.

En la calle 42 con la carrera 40, en los alrededores de la bomba de gasolina Texaco-9, se ubican cuatro vendedores de arroz. Uno de ellos es Jesús Velásquez, de Tacamocho, Bolívar, de 60 años de edad, de los cuales lleva 12 años en esta ciudad.

Jesús me explicó que a las ruedas del triciclo hay que hacerles mantenimiento semanalmente y pintarlo al menos 2 veces al año.
A mitad de cuadra están un vendedor que no habla con quien no sea comensal y Osnáider Caro, de 21 años, quien dice que es el único que ofrece fríjoles rojos en su menú.

En la carrera 40 con la calle 43 está el más conocido de todos los vendedores del sector: Jimmy, quien se ufana de la fortaleza que tiene a sus 60 años. Es un hombre tan sincero, que la mañana del lunes 23 de julio, cuando sus clientes llegaban a comer, les decía que no les podía vender porque el arroz tenía piedras.

Aduciendo que eran unas piedras cristalinas, casi invisibles, que no vio a la hora de cocinar. Consolaba a todos invitándolos a regresar al día siguiente. Sus dos hijas, que le ayudan en la preparación y venta de la comida, en poco tiempo lo recogieron todo y se fueron a casa sin lamentarse.

En el antiguo centro y el mercado público de Barranquilla es donde más vendedores de arroz hay. Están ubicados en lugares estratégicos y se hacen visibles en las horas pico, cuando la gente necesita una comida rápida y preparada con ingredientes familiares.

En un cuadrante que cubre la calle 45 a la 6 con la carrera 46 a la 38 encontraremos más de cincuenta vendedores, sin contar los restaurantes ni las ventas estacionarias de comida.

La mayoría de los vendedores que trabajan en sectores aledaños al mercado público viven en barrios como San Roque, La Luz, Rebolo, La Chinita y El Ferri, y los que venden desde la calle Murillo hasta los barrios del norte residen en El Pueblito, Los Olivos, La Pradera, Me Quejo y Los Ángeles. Incluso, en las afueras de la Universidad del Atlántico hay una venta de arroz que los estudiantes llaman el quinientazo.

Arroz de payaso. En un principio fue el ‘arroz de payaso’, nombre derivado de la mezcla de un condimento colorante y la grasa de cerdo con que se preparaba, que al enfriarse se adhería a los labios de los comensales como una especie de maquillaje. Luego, cuando se comenzó a preparar con aceite vegetal, de payaso solo quedó el nombre.

El arroz guisado se popularizó en la ciudad a medida que las ventas de comidas rápidas se multiplicaron en esta. Superando las fronteras de los barrios del sur y sin ningún complejo, los vendedores ofrecían en sus triciclos arroz de lisa, cerdo o pollo higiénicamente servido en platos cubiertos con bolsas plásticas o en hojas de bijao y una cuchara desechable.

Como en cualquier ecosistema, en los alrededores de una venta de arroz gravitan perros callejeros, gatos marrulleros, cautelosas palomas, astutas maría mulatas o el indigente que a prudente distancia espera que se acumulen los desechos que arrojan los comensales, y como una sombra sin dueño, recogerlos, botarlos y recibir a cambio una generosa porción.

Una venta de arroz guisado es una especie de santuario, al que acuden por lo general hombres, donde cada devoto llega sin afanes. Cada uno espera su turno para comunicar, en voz baja, al oficiante del enorme caldero lo que desea comer.

Tan pronto recibe el pedido se aparta a degustar en silencio. Si por alguna razón desea comer más, hace una seña señalando su plato y es complacido al instante. El ritual termina cuando el comensal enumera con honestidad lo que consumió, cancela, recibe las vueltas y se retira, sino con la barriga muy llena, sí con el corazón contento.

La reventa. Se sabe de tres sitios en el suroccidente de Barranquilla, situados en los barrios La Manga, Me Quejo y Los Olivos, donde los vendedores compran el arroz ya preparado para revenderlo.

En la diagonal 112 con la transversal 31, antes del puente que marca la frontera entre los barrios Los Olivos y La Pradera, está La Olla Contenta, un negocio donde se prepara comida para la reventa.

Doña Édita Camargo, de 62 años de edad, de los cuales 40 los ha dedicado a este negocio, construyó al lado de su casa, en un local de 15 por 5 metros y otro cuarto de 5 por 4 metros, el sitio ideal para instalar 6 estufas de gas y preparar diariamente los pedidos de sus 18 vendedores, entre los que se cuentan 2 de sus hijos y su hija menor y otros 7 vendedores ocasionales. A esto se suma una olla de 10 libras para la venta al menudeo a la gente de barrio.

Édita es una mujer robusta, de baja estatura, pero muy fuerte. Su esposo, quien la inició en este negocio, falleció el año pasado, pero ella siguió en su oficio con sus hijos y un ayudante. Desde la 1 a.m. se levanta a preparar en ollas de aluminio reforzado, que trata como objetos preciados, aproximadamente de 100 kilos de arroz, 35 pollos, 300 huevos y 50 libras de espagueti a la semana. Cantidad que puede aumentar o disminuir según la temporada.

Lázaro Ruiz, de 47 años de edad, ha vendido arroz por más de 25 años. Diariamente llega a La Olla Contenta antes de la salida del sol.

Trae de su casa rebanadas de salchichón frito, queso, huevos cocidos, alas de pollo guisadas y un balde de chicha de maíz, limonada o cualquier clase de jugos. Su objetivo cotidiano es vender una olla de 20 libras de arroz, y dice que casi siempre lo logra. El precio de sus porciones oscila entre 1.000 y 2.000 pesos.

Su puesto de venta está al norte de la ciudad, en la calle 84 con carrera 43 y sus alrededores, por eso se ufana de que tiene muchos clientes de “sangre azul”.

Como todo ingenioso vendedor de arroz, Lázaro guarda en su triciclo cajas desechables para clientes especiales, para comensales vergonzantes, en su mayoría mujeres, que a escondidas en sus oficinas prefieren como merienda de la mañana o por almuerzo una rica porción de ‘arroz de payaso’ con espagueti, asadura guisada y un vaso de limonada bien fría.

Si para los chinos el arroz posee el don de la alegría, para los habitantes del Caribe colombiano tiene la virtud de la abundancia. En esa medida, no podemos imaginar la vida de quienes transitan por las calles de Barranquilla sin que para ellos exista la posibilidad de comerse una caliente y sabrosa porción de ‘arroz de payaso’ a la hora en que el hambre apremia.

Fuente: http://www.elheraldo.co/revistas/latitu ... roso-78154
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Arroz de lisa: caliente y sabroso

Post: # 10147Post jessica988 »

se ve muy bueno y el arroz es muy saludable para el cuerpo ojala siga vendiendo mucho esta comida es mucho mejor que las tipicas chatarras que estan matando el cuerpo por eso hay muchos suplemetos con el arroz y arroz rojo ya que este muy saludable debemos acostumbrar a tenerlo en la dieta
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